Terapia para un despido

El psicoanálisis es muy sencillo, consiste en hablar, hablar y hablar hasta que tarde o temprano le perdemos miedo y nos sinceramos con nosotros mismos, deshaciéndose entonces el nudo que bloquea, paraliza y condiciona nuestra conducta.

Decidí aplicarme el cuento, cuestionarme a mí mismo, y este es el resultado:

Desíme, ¿qué fue lo primero que recordás?

Lo primero que me viene a la cabeza es el día D. Una reunión en la que nadie sabía qué se iba a tratar, ese nadie era yo, los cuatro restantes lo tenían muy claro. Uno de ellos se dirige a mí y me dice:

– Gonzalo, sabrás que la obra va mal.

– Sí, va mal desde el principio… ( y sin dejarme entrar en detalles, porque sobraban los detalles, prosigue)

– La empresa ha decidido prescindir de tus servicios como jefe de obra, el lunes (estábamos la víspera del fin de semana) hay un nuevo Aparejador en tu obra.

– Eh…

– La buena noticia es que queremos que sigas en la empresa, mismo sueldo, en un nuevo departamento, etc, etc, etc…

¿Qué le comentaron exacto?

¿Comentaron todos los detalles legales del despido, el proceso legal, cantidad estipulada por ley, e insistieron por que me quedara. Fueron sumamente correctos , ¡y me dieron a elegir! (ironía)

Contestame, ¿aseptó?

Salí de allí rechazando su ofrecimiento, así que me encontraba en la calle, con un despido, una indemnización, el paro, y un nudo en la garganta. No es plato de agrado un despido

¿Vos sentistes algún sentimiento cuya inhibición no pudiste reprimir?

¿Si lloré? claro que sí, mientras los demás comían y preparaban otra reunión. A partir de ahí me dije: blanco y en botella…

¿Batido de coco?…

NO, oposiciones, y aquí estoy estudiando .

¿Seguro que no era batido…? Bien, y qué acontesió

La segunda cosa que me viene a la cabeza son los errores que cometí, algo tenía que sacar en claro, pero en su mayoría fueron anecdóticos.

¿Y seguido mantuvo algún tipo de relación extralaboral con sus camaradas de trabajo?

De vez en cuando hablo con ellos.

¿Y qué contestan a lo que vos preguntás?

Cuando pregunto a los amigos que quedaron cómo les va me dicen que fatal, que se va la obra un año del plazo, que el presupuesto efectivamente se desmadra, no les aclara nada la propiedad, no les pagan más…,

¿Y vos qué desís?

Y yo no pregunto más, me conformo con poco, y pasamos a hablar de otra cosa que no sea de trabajo.

¿Recordás algo más desagradable?

Sí. No paro de recordar al “gerente” de la constructora, aquel día en que vino a visitarme a la obra por primera vez, él con comentarios jocosos dignos de un prepotente y yo con fiebre y alergia, se trajo la chistera llenas de frases dignas de un cabrón, o de un hijoputa, como se definió él mismo, por ejemplo:

– ¿Dices que no te consideras capaz de llevar una obra? (todavía no recuerdo cuando le dije eso)

-No te preocupes es muy sencillo, lo podrás entender. (qué compasivo)

-Ah, perdona es que eres Arquitecto Técnico, por eso se te escapan estos conceptos. (No tardó mucho en decirme que era ingeniero de caminos)

Y así durante media hora para soltarme su frase final:

-Gonzalo, pareces un tío tranquilo (lo de siempre, la gente se fija demasiado en las apariencias) pero tienes que saber que para trabajar en la construcción hay que ser un hijoputa ¿verdad? (al acompañante), él y yo lo sabemos y lo somos.

¿Qué pensás de esas boludeses?

Yo me quedé callado pensando en si aquello era el resumen de toda una filosofía de vida o una auténtica gilipollez. Con el tiempo encontré una respuesta a mi pregunta, y era la segunda de las opciones, estuve pensándolo tranquilamente y me di cuenta de que su frase estaba incompleta, al igual que su racionamiento, que sin duda intentó repetir algo más sensato que oyó en su día pero no supo recordarlo y quedó en aquella pobre frase, porque el ser un hijoputa lleva consigo las consiguientes taras mentales, al igual que todos, pero en su caso estaba claro que la falta de fruta y de antioxidantes hizo que afectara a sus neuronas de sobremanera, de modo que le impidió decir algo así como:

Gonzalo, en la construcción, como en todos los trabajos, en primer lugar hay que ser Perseverante y Exigente con uno mismo, en segundo lugar saber Motivar y Exigir a los demás, y por último dejar siempre las cosas Claras y Avisar con tiempo, para que después no digan que eres un Hijoputa.

Che, ¿cómo te sentís?

Ahora me siento mucho mejor.

¡Bárbaro!

Gonzalo74

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~ por gonzalo74 en octubre 16, 2007.

2 comentarios to “Terapia para un despido”

  1. Tenemos a un gran escritor humanista en ciernes… Sencillamente glorioso, perfecto en forma y fondo.

    Por desgracia, al hilo de tu artículo (y me repito, es para enmarcar, mi número de cuenta ya lo sabes) hace tiempo que vengo reflexionando sobre la comunicación perversa que se produce en el ámbito empresarial y, por desgracia, en todos los ámbitos de la vida.

    Vivimos en un país (supuestamente) civilizado en el que tenemos una constitución que nos garantiza unos derechos civiles y humanos… A día de hoy la explotación laboral, el racismo, la exclusión social, etc, etc, etc… son delitos; en la antigüedad estos delitos se cometían con total impunidad e incluso con beneplácito, en el marco de una sociedad de clases diferenciadas donde la lucha por el poder y la ley del más fuerte no se encontraban acotadas por los derechos humanos, la presunción de inocencia y otras “supercherías” por el estilo.

    A día de hoy existen exactamente los mismos intereses, ambiciones y luchas que entonces, pero los antiguos métodos públicos de explotación, humillación, represión o escarnio están mal vistos e incluso penados, de manera que quienes desean alcanzar el control de su entorno y están poseídos por la ambición tienen que ampararse en otras vías… como por ejemplo, la via de la comunicación perversa.

    La comunicación perversa, es, a grandes rasgos, un tipo de intercambio de información en la que el emisor busca el desprestigio o la desestabilización emocional o psiquica del receptor para minar su autoestima y conseguir algo de él de forma deshonesta.

    Los trucos son múltiples y variados y el artículo de Gonzalo los describe a la perfección: dar consejos paternales que no han sido pedidos, decir algo amistoso con la palabra mientras se rechaza con el gesto o la mirada, hacer ver al receptor su incapacidad a base de métodos indirectos, hacerle creer que no tiene el apoyo de quienes le rodean o incitar a estos a seguir el juego, plantear situaciones con una única posible solución (como es el caso del despido de Gonzalo) etc, etc, etc… en el ámbito del trabajo se emplea o bien entre compañeros para deshacerse de “competidores” directos o bien cuando un superior quiere deshacerse de un inferior sin pagarle lo que le debe.

    Tanto es así que, a día de hoy, hay expertos en comunicación perversa autodenominados “asesores laborales” y otros eufemismos por el estilo que se dedican a estudiar planes para que empresas de todo tipo puedan hacer despidos a la carta minimizando las indemnizaciones… si, amigos, si habéis visto el método Gronholm tendréis una imagen bastante clara de a que cosas me refiero: “no buscamos una buena persona que parezca un hijo de puta, sino a un hijo de puta que parezca buena persona”.

    Estos personajes siempre han existido, pero nunca han estado tan bien camuflados como lo están ahora. Después de haber visto como se mueve el mundillo laboral, cada vez que un jefe o superior directo se muestra amistoso y coleguita me echo a temblar… los tiburones siempre sonríen.

    Si me animo, un día de estos publicaré una reflexión más extensa sobre el tema de la comunicación perversa con terribles ejemplos extraidos de la cruda realidad; por ahora, vivan Gonzalo y su lúcida prosa… me ha encantado.

  2. Gracias Pablo, por comentarios como el tuyo seguiré colgando algunas cosas más.

    Apoyo tu comentario sobre la presión laboral a través de la comunicación perversa, falta de unos mínimos conocimientos de psicología de grupo, o un gran conocimiento de los más perversos, por retomar tu expresión.

    Una pena.

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